Norte Neuquino: Arrear para sobrevivir

Empezó en el norte neuquino la trashumancia, actividad que realizan los productores de la región dos veces al año. Comienza en noviembre cuando los crianceros con sus animales, principalmente chivos, algunas ovejas y vacas, trasladan a la cordillera “la veranada”, buscando pastos mas tiernos y aguas más puras para engordar sus animales.
Recorren kilómetros y kilómetros por varios días, algunos pasan el mes completo arreando sus animales. Dejan atrás la invernada en zonas bajas desérticas, donde pasan el invierno y realizan el trabajo de reproducción, en la invernada dan la parición y señalan los animales.
La trashumancia es el traslado de sus animales de invernada a veranada en los meses de noviembre y diciembre para que engorden. El regreso es en otoño, en los meses de marzo y abril, desde la veranada hacia la invernada.
Los productores del norte neuquino se dedican mayoritariamente a la cría de chivos, algunos tienen vacas y unas pocas ovejas.
Este año no hubo muchas lluvias y nevadas, fue un invierno muy frío y seco, con fuertes heladas por mucho tiempo que iban quemando el poco pasto que salía, cuya escasez -al ser la comida de las chivas que estaban preñadas- hacía que empezaban a abortar. Las chivas madres tenían poca leche y abandonaban a sus crías. Algunos productores, con mayor poder adquisitivo, optaron por llevar sus vacas en camión porque sabían que no iban a aguantar el arreo porque están muy flacas. En el camino no hay pastos, además se encuentran con el inconveniente que cada año hay más alambrados, y tienen que arrear sus animales por las rutas de autos y dormir a la vera de las rutas, porque hasta los antiguos alojos se están alambrando.
Este año ya han quedado varios chivos muertos en el camino que no soportan el arreo porque van muy flacos y no hay pastos en los callejones.

Quejas
Los crianceros se quejan que no tienen el acompañamiento del gobierno provincial. “Para los productores de fruta, cae una helada y el gobierno los asiste con subsidios, a nosotros se nos mueren animales y no nos dan ni siquiera un fardo de pasto”, dijeron algunos molestos crianceros.
En el arreo participa toda la familia, trasladan sus pertenencias a lomo de burro. Duermen a la intemperie bajo algún monte, usan de colchón las monturas, tienen que soportar lluvias, intensos calores y vientos. La difícil tarea se puede notar en sus rostros y manos curtidas y castigadas por los cambios climáticos que deben soportar. Labios y manos partidas por el intenso calor y la tierra.
A pesar de que se realizan fiestas, discursos y se elaboran proyectos para proteger la actividad, en el campo al criancero no le llega ningún beneficio, no tiene asistencia cuando pierden la producción.
Tienen problemas con la ocupación de las tierras y cada vez le aparecen más alambrados que lo perjudican.
Muchos de sus hijos optan por abandonar la actividad y se van a las localidades mas cercanas buscando un futuro más seguro. Independizarse de los padres para continuar con la vida de crianceros es una tarea dificultosa porque no quedan campos disponibles para la cría de chivos y dependen mucho de la naturaleza. LUIS MUÑOZ. FUENTe: lmneuquen.com.ar

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