Río Negro: caza de pumas

El monto con que el Estado retribuye a los productores agrícola-ganaderos que cazan pumas en los campos rionegrinos aumentó de 300 a 500 pesos por cada cuero.
Así lo estableció una reciente disposición de la Dirección de Ganadería, dependiente del Ministerio de la Producción de la provincia.
La norma, que se puso en vigencia en junio, tuvo esta semana amplia repercusión en medios de alcance nacional y hasta en agencias internacionales de noticias (ver aparte), a pesar de que la práctica de este método de control de la especie, que es considerada plaga en la región, es una actividad regularizada y arraigada desde hace más de 35 años.
El titular del área, Martín Oscos, explicó que la intención del Estado no es erradicar al puma de los campos, sino controlar su dispersión para que afecte lo menos posible a la producción ovina y caprina en la zona.
La metodología se establece mediante pautas coordinadas con los propios productores, que son los únicos que reciben pago por los cueros.
El fondo para saldar ese compromiso se obtiene de los mismos ganaderos, que aportan a ese fin mediante el pago de las guías. “Además el Estado colabora con la entrega de algunas trampas”, indicó el titular de la Dirección de Ganadería.
La forma de caza se da con esos artefactos que se colocan ocultos en cercanía de los sitios en los que se encuentran rastros del felino y también mediante salidas con perros y armas.
La necesidad de controlar el impacto del puma sobre las majadas está fundamentada en los estragos que estos animales suelen hacer en la hacienda ovina y también, en ocasiones, sobre algunos equinos y vacunos pequeños.
Oscos calculó que, anualmente, se pagan unos 500 cueros en Río Negro y destacó que no hay antecedentes que indiquen la posibilidad de un incremento en la cacería de pumas porque se pague más.
“Los productores cazan en la medida en que los pumas los van afectando y que se aumente el pago no es para que se aumente la caza sino para que se compensen los gastos que tienen, ya sea en la cura de los perros, en las balas, en las trampas o en las pérdidas que ocasiona el animal”, indicó.
También afirmó que no existe otro método de control que no sea la caza por parte de los propios damnificados.
Además agregó que no existen datos biológicos que pudieran hacer inferir algún riesgo para la población del felino que no tiene otros predadores naturales.
En la actualidad, el inconveniente más grave con estos animales se produce en la Línea Sur. Aseguró que al migrar los pobladores de los campos o envejecer quienes permanecen, los pumas comienzan a circular con mayor libertad, en cercanías de las majadas.
Además, la sequía impactó en la reducción de otras posibles presas silvestres del puma, por lo que comienzan a atacar más al ganado.
Los cazadores no productores pueden cazar hasta dos pumas por año y a ellos no se les paga por el cuero. FUENTE: rionegro.com.ar

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