Furtivos en Quilquihue, Junín de los Andes

Soy un vecino de Villa Río Quilquihue, un lugar paradisíaco que pertenece al ejido de Junín de los Andes aunque mucha gente de Junín no lo sepa.
Con los vecinos de Villa Lolog estábamos reacondicionando la casilla que se encuentra junto al puente con la idea de que pudiera habitarla personal policial para realizar controles y con su sola presencia disuadir a los pescadores furtivos que abundan en esta época del año, aun a plena luz del día. Resulta que el 27 de julio pasado la casilla fue objeto de un incendio intencional que fue contenido por los vecinos y terminado de extinguir por los bomberos.
La pregunta es: ¿a quién no le conviene que la policía se instale en el lugar?
La respuesta es: a los pescadores furtivos que depredan el ámbito sin ningún tipo de control. Después del desgraciado hecho en el que falleció Cristian González parecería que no hay forma de acabar con el flagelo de la pesca furtiva. Si se los llama, los guardafaunas se lavan las manos diciendo que carecen de móvil, pero durante el verano se los veía a diario en una Toyota nueva por la zona pidiéndoles los permisos a los turistas y de vez en cuando enganchaban a algún perejil. No se entiende por qué ahora no tienen movilidad.
Sería muy sencillo controlar quién pesca y qué destino tienen esas truchas, no creo que haga falta el FBI para determinar eso. Hace algunos años –no muchos– era normal pinchar una trucha de kilo o kilo y medio en el río en verano. Hoy nos tenemos que poner contentos si sacamos una de 300 gramos. El negocio de la pesca furtiva es pan para hoy.
Un pez vivo en el río tiene cien veces más valor que en el plato de un restaurante. No podemos seguir mirando para otro lado y dejar que nuestra zona se convierta en un lugar de agua de muy lindo color pero sin vida. No hay excusas válidas para los furtivos, ni clase social o económica, pero si no se ejercen los controles por parte del Estado, responsable de cuidar el recurso, y a su vez no son capaces de administrarse para responder a las denuncias en lugar de pasear durante el verano, vamos a tener ríos y lagos desiertos. ¿Quién debe tomar la decisión política de terminar con esto? Yo no lo sé, pero es evidente que a más de uno los beneficia el negocio.
Deja mucho más dinero un pescador que concurre con su familia o amigos durante una semana que lo producido en dos meses de furtivismo. El problema es que cuando se acaben los peces se van a acabar los dos negocios, y entonces va a ser tarde. FUENTE: RIONEGRO.COM.AR, Carta de Lectores

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