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Muchos nos hablaron
maravillas de las bondades turísticas de Costa Rica; circuitos
turísticos excepcionales, playas paradisíacas y excelentes
servicios. Para confirmarlo, Guía Verde decidió hacer una
visita a la “Suiza centroamericana”, y aprovechando la corta
distancia que separa ambas costas del territorio
costarricense, visitó el parque nacional Manuel Antonio, sobre
el océano Pacífico (tres horas de micro desde la capital San
José), y el parque nacional Cahuita sobre el mar Caribe (cinco
horas de micro). El primero posee una de las playas mas
espectaculares, teniendo en cuenta que sobre dicho litoral son
estrechas y con bastantes entrantes (Golfo de Nicoya, Golfo
Dulce, Bahía de Coronado), mientras que a lo largo del litoral
caribe son más amplias, con arrecifes de coral y más aptas
para balneario ( Cahuita, Puerto Vargas, Punta Uva ). En los
dos, la afluencia turística es masiva, la vegetación
exuberante y la presencia de fauna, una constante (monos,
tucanes, aras, iguanas y perezosos, entre otras menos
visibles, pero igualmente abundantes).
En ambos casos –como también en nuestra visita al parque
nacional Poás (ver aparte)- y durante un breve recorrido por
el parque nacional Braulio Carrillo, camino a Cahuita- nos
sorprendió además el perfecto manejo de la afluencia turística
que se realiza para minimizar su impacto sobre el medio
natural, mediante profusa cartelería y folletería,
mantenimiento de senderos, la prestación de servicios al
visitante y la permanente presencia de guardaparques.
Durante todo el recorrido, cascadas, cafetales, plantaciones
de banano, volcanes, bosques, ríos con cocodrilos asolándose
en las orillas, y verdaderos jardines tropicales, se engarzan
sin dar respiro, abrumando la capacidad de asombro del más
exigente de los visitantes.
Dos aspectos sobresalen al momento de realizar una descripción
de Costa Rica: su proverbial riqueza natural y el excelente
programa de conservación que se lleva a cabo para la
protección de la misma.
Con respecto al primero, sepa que la superficie total del país
es de 51.060 kilómetros cuadrados, de los cuales el 39% está
cubierto de bosques con enormes reservas madereras de ébano,
balsa, caoba y cedro. Abundan los manglares, robles, cipreses,
helechos, guácimos, ceibos y palmas; existen más de mil
especies de orquídeas, y abundan pumas, jaguares, venados,
monos, y unas 725 especies de aves entre las que se destacan
el quetzal, el jilguero y el colibrí.
A tan enorme variedad de flora y fauna, se suman, (favorecidos
por las densas selvas húmedas que cubren el territorio) nada
más y nada menos que diez mil especies de insectos.
En cuanto al cuidado de toda esta riqueza natural, se
encuentra protegida por uno de los programas ecológicos más
ambiciosos de América: el sistema nacional de conservación (SINAC),
con una extensa y diversa red de parques y reservas naturales,
protege el 13,7% de la superficie total del país. Valga como
ejemplo comparativo que, en Centroamérica, Honduras alcanza el
9,9% mientras que en Argentina apenas alcanza el 5 %; esto sin
considerar –por otra parte- la enorme diferencia que existe
entre la superficie costarricense y de nuestro país.
No podemos evitar las suspicacias que nos genera el hecho que
Costa Rica haya sido uno de los primeros y más activos países
en realizar el intercambio “deuda por naturaleza”, un programa
creado por la World Wildlife, por el cual se cancela parte de
la deuda nacional que los países subdesarrollados tienen con
las principales potencias capitalistas, a cambio de créditos
otorgados por estas, destinados a la protección ambiental de
una cantidad determinada de territorio, para impulsar su
economía (la del deudor, se entiende), sin afectar la
conservación del mismo.
Sucede que la deuda comercial oficial de muchos países
subdesarrollados con los países industrializados, impone a los
primeros la deforestación de grandes extensiones de bosques
naturales para obtener divisas a cambio, destinadas a la
cancelación de dicha deuda, razón por la cual se les ofrece
cancelarlas a cambio de créditos internacionales destinados a
una mejor protección de sus recursos naturales.
Estos planes le han permitido desarrollar un floreciente
sector de ecoturismo que incentiva a los visitantes a conocer
en profundidad toda la riqueza natural de su territorio y,
sobre todo, a respetar el medio ambiente tanto a ellos como a
los propios costarricenses, en virtud de ser el crecimiento
turístico base de su recuperación económica.
No quedan claros, (sobre todo para los que descreemos de la
buena voluntad de los acreedores primer mundistas) cuáles son
los alcances del dichoso y a primera vista beneficioso canje,
sobre todo cuando hasta el oxígeno que generan los bosques del
país entran en la operatoria mencionada, y no son pocas las
voces que se alzan en contra de tales experiencias (de hecho
se intentó gestionar canjes similares en nuestro país durante
la gestión de Maria Julia Alsogaray) temerosas que, llegado el
momento de conocerlos, sea demasiado tarde.
Explicar tales operatorias excede el marco de nuestra guía,
pero consultamos a un experto en el tema (ver aparte) y si le
interesa profundizar sugerimos escriba en un buscador de la
Web “canje de deuda por naturaleza”. Alrededor de 10.000
páginas abundarán en fundamentos a favor y en contra de tales
mecanismos, con datos muy interesantes sobre los ocultos –y no
tanto- intereses y beneficios que el “gran país del norte”
obtiene de todas ellas.
Lo cierto es que, más allá de tales conjeturas, los
responsables del cuidado ambiental del territorio
costarricense llevan adelante un preciso y profundo plan
conservacionista que comprende once áreas protegidas,
(porciones de terreno con bosque vírgenes o reforestados
específicamente destinados a la conservación de los recursos
naturales en general) en las cuales interactúan tanto
actividades privadas como estatales, regidas bajo una misma
estrategia de desarrollo y administración, orientadas al
manejo y desarrollo sostenible de los recursos naturales.
Los objetivos de éstas son amplios, por lo que se desarrollan
diferentes mecanismos para hacerlos posibles, definidos
básicamente en nueve categorías (cuatro en nuestro país).
Ellas son: parques nacionales, reservas biológicas, monumentos
nacionales, refugios nacionales de vida silvestre, humedales,
reservas forestales, zonas protectoras, corredor biológico,
monumento natural, y fincas de propiedad del Estado.
El turismo es el uso preponderante, ya sea mediante caminatas
o actividades tales como snorkeling/buceo/ balnearios, canopy
(deslizarse a través de la selva con un arnés sujeto a un
cable de acero), recorrer el dosel de los árboles en una
telesilla, cabalgatas, rafting y clásicas, como observación de
aves o flora, camping, alojamiento en plena selva, navegación
de ríos o excursiones guiadas por circuitos realmente
impresionantes, que incluyan alguno de los volcanes activos
del país.
Los entendidos recomiendan una visita al parque nacional
Tortuguero, un cúmulo de canales navegables, lagunas y
pantanos sobre el mar Caribe (en la provincia de Limón, a unos
70 km al NE de Cahuita) conocido como “el pequeño Amazonas”
por contener la muestra mas grande de bosque húmedo tropical
protegido. No sólo permite navegarlo sino además conocer el
desove de las tortugas.
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