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Conversamos con el
arqueólogo del
CONICET Lic. Adam Hajduk en su casa, en
Bariloche, sobre el tema de las chaquiras de vidrio tan
frecuentemente lucidas por las indígenas en el pasado.
De amplia distribución en África y en América desde California
hasta Chiloé entre los siglos XVI y XIX , se encuentran
fácilmente en los enterratorios y sirven para ornamentar
diversos objetos.
Nos dijo el Lic. Hajduk:
“En tiempos anteriores al contacto hispano indígena en la
Patagonia eran comunes las cuentas elaboradas con moluscos en
general, de origen marino por ser más vistosas y resistentes.
Respecto a las cuentas líticas, éstas también aparecen en el
ámbito patagónico, pero con menor frecuencia, destacándose
entre ellas las de malaquita. Su baja frecuencia se
relacionaría acaso con la escasez de fuentes de
aprovisionamiento. Su mayor dureza, en comparación a la de las
valvas de molusco, habría exigido mayor destreza y tiempo de
factura. Una y otra situación habrían incidido seguramente en
una mayor valoración por parte del indígena de este tipo de
cuentas.
Los primeros exploradores, conquistadores y comerciantes, que
partían de Europa hacia distintas partes del Viejo y Nuevo
Mundo iban provistos de diferentes objetos de intercambio,
muchos de ellos considerados “baratijas” o “pacotilla”. Entre
estas últimas las cuentas vítreas ocupaban un lugar destacado
como moneda de cambio por otros bienes o por favores, como
presentes a los nativos, con el fin de lograr su
consentimiento y asistencia en el tránsito por tierras
extrañas.
Con los primeros europeos que esporádicamente tocan la costa
patagónica -siglo XVI-, llegan las cuentas vítreas y de allí
en más, los nativos se hallaron frente a una oferta que se
destacaba por una variedad de colores y brillo a la que nunca
antes habían accedido. Estas cuentas vítreas fueron aceptadas
rápidamente, valorándolas en grado sumo, por cuanto las
creerían hechas de piedra. Este pasó a ser uno de los
productos ofrecidos por los europeos que más amplia y rápida
difusión tuvo en manos de los nativos.
Con el paso del tiempo, las cuentas de vidrio en especial y
las cuentas metálicas en segundo lugar, fueron reemplazando a
las de factura indígena, las cuales fueron cayendo en desuso.
Así en el registro arqueológico del siglo XIX difícilmente se
hallen cuentas de molusco y piedra asociadas a las ya
abundantes y variadas de vidrio.
Al tiempo del primer arribo de Colón a América, la producción
de cuentas vítreas en el viejo continente era importante,
produciéndose a lo largo de la historia del vidrio, numerosos
tipos, como reflejo de los avances tecnológicos y a la moda
cambiante (así la variedad de cuentas que se suelen hallar en
los distintos sitios arqueológicos, permiten al arqueólogo
asignar cronología bastante ajustada a los sitios en donde
ellas aparecen).
Venecia ejercía por entonces un monopolio creciente en la
producción de objetos de vidrio y en función de mantener dicho
monopolio practicaba un especial control a fin de evitar que
aspectos tecnológicos salgan de su medio.
Considerando los aspectos técnicos de elaboración de cuentas
vítreas, las más frecuentemente distribuidas, eran las
producidas en serie, a partir de toma de vidrio ahuecado en
forma de globo el cual era estirado en su estado plástico en
un largo tubo. Por seccionado del mismo se obtenían múltiples
cuentas. Este tipo de producción requería el empleo de hornos
de fundición.
El otro tipo de cuenta era el producido a partir de una
varilla de vidrio, a la cual se le fundía un extremo mediante
el empleo de un pequeño mechero, así el vidrio fundido se
arrollaba en un alambre previamente recubierto de tiza que
facilitaba su posterior desmonte. Se hacían una a una en forma
más artesanal permitiendo así múltiples variantes de forma y
decoración. No requerían de hornos de fundición.
En Patagonia y particularmente en el NO patagónico las cuentas
vítreas eran profusamente utilizadas como adorno femenino
integrando: collares; muñequeras; tobilleras; fajas o cintos y
en ocasiones conformando un complicado tocado cefálico o cofia
que usaban las nativas “pehuenches”. Excepcionalmente en la
alfarería del tipo “mapuche” se las empleaba como
incrustaciones decorativas.” Guía Verde estuvo en la isla de Murano (Venecia) visitando el
Museo Vetraio para obtener más información sobre estas piezas
vítreas denominadas genéricamente: perle, perline, conterie,
pater noster, mostacillas etc.
Gracias a la gentileza de Vladimiro Rusca -Secretario general
del Museo- pudimos observar y fotografiar para nuestros
lectores algunas piezas para consumo local (apreciadas también
por los europeos) en los siglos XVIII y XIX que no están
expuestas -aún- al público.
Pudimos saber que se empezaron a manufacturar en Murano hacia
1480 y que en siglos posteriores, comenzaron también a
elaborarse en Bohemia, Holanda, Francia y Alemania.
Fotografiamos también un grabado veneciano que muestra a un
artesano cortando las varillas que se convertirán en esas
apreciadas “chaquiras” que siglos después aparecerán en los
ajuares funerarios indígenas de nuestras latitudes y nos
preguntamos:… si aquel artesano imaginaría -acaso- la ruta que
podría seguir a su obra. |