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Se llama Sebastián Vallejos
Shayhueque, es nieto de Tacomán (cóndor vestido), tercer hijo
del prestigioso cacique manzanero, que fuera el último en
entregarse a las fuerzas militares argentinas que invadieron
sus territorios ancestrales en 1881.
Tacomán -el abuelo de Sebastián- fue uno de los primeros en
entrar en combate contra las tropas de avanzada del Cnel.
Villegas en Collón Cura donde, malherido, logró escapar hacia
la cordillera y de allí a Chile, regresando varios años
después, para asentarse en la zona de Centenario, cerca de la
actual capital neuquina. Con el apellido Retamal, que adoptó
en el exilio, vivió hasta cumplir más de cien años.
Fue Sebastián, entonces adolescente, quien se interesó por
escuchar las historias que relataba su admirado abuelo.
Aprendió de él la cosmovisión y la lengua mapuche, logrando
estructurar, gracias a su propia formación docente, una
magnífica capacidad de comprensión bi-cultural que hace tan
agradable la conversación con él. Gracias a sus explicaciones,
modificamos una imagen errónea acerca de la práctica ritual de
matar a la esposa principal de los grandes caciques,
enterrándola junto al marido muerto y, a su mejor caballo y su
perro. Esta imagen, brutal para una cultura "occidental", deja
de ser tan así cuando Sebastián nos recuerda que, el sentido
de la muerte no es el mismo para la cultura mapuche y, que el
sacrificio de la esposa era eventualmente solicitado por ella,
cuando deseaba acompañar al muerto en el tránsito a Nguenechen
(la deidad mapuche) o si no quería seguir viviendo sin su
marido. En tal caso la machi -curandera-, le preparaba un
brebaje de efecto letal.
Si quiere conversar con Sebastián en Chos Malal, búsquelo en
el IAC, instituto de computación que el dirige. |