|
Uno de los elementos
naturales que más llaman la atención de los visitantes son
esas “barbas”, de un verde opaco, que cuelgan de las ramas de
los árboles de la región. Está viendo líquenes. Resultan de la
asociación de un alga y un hongo, que sólo utilizan al árbol
como apoyo, pero que no lo dañan en absoluto. En esta
“sociedad” cada uno de ellos cumple una función bien definida:
el alga, por su parte, se encarga de producir la comida
fotosintetizando la energía solar, mientras que el hongo, se
ocupa de retener el agua. Solucionado el sustento -comida y
agua-, sólo requieren de un refugio o casa, o sea el árbol,
sin acarrearle perjuicio alguno.
¿Qué tiene que ver esto con el aire puro? Muy sencillo: dicha
asociación entre algas y hongos sólo puede celebrarse en
condiciones de aire puro, por lo que cuanto mayor sea su
presencia, nos indican que mayor es la pureza del aire.
Para convencerlo de que no matan al árbol vale la reflexión:
si se alimentan de éste hasta agotarlo -malinterpretan
algunos- ¿cómo se explica que sigan vivos en ramas o troncos
secos de los cuales no podrían obtener alimento alguno?.
Sencillamente porque sólo lo utilizan como apoyo, y (a
diferencia del ser humano) no matan aquello que los ayuda a
seguir vivos. |