Hoy en la Patagonia, viernes 19 de Ene de 2018
Guía Turística de la Patagonia


La relación entre los Galeses y los Tehuelches

Si hay una característica que distingue la colonización galesa en la Patagonia de otros procesos similares de su tiempo, es sin duda la actitud de respeto y aceptación.

Owen Williams, alumnos galeses e indigenas, año 1906 Owen Williams, alumnos galeses e indigenas, año 1906 | Foto: guiaverde.net

Si hay una característica que distingue la colonización galesa en la Patagonia de otros procesos similares de su tiempo, es sin duda la actitud de respeto y aceptación de la cultura y creencias religiosas de la población nativa cuyo territorio vinieron a compartir. Nunca hubo intentos de convertir a los tehuelches a la fe Cristiana, o imponerle nuevos preceptos morales, sino que fueron precisamente los galeses quienes más se beneficiaron con el intercambio en su etapa inicial, ya que sin las habilidades que aprendieron de los indígenas y el comercio que con ellos pudieron establecer (intercambiando harina, azúcar, yerba y otros productos por plumas de avestruz y pieles de guanaco, que luego exportaban desde la colonia), difícilmente hubieran podido persistir en el medio hostil que les tocó poblar. De los tehuelches, sus “hermanos del desierto” aprendieron, fundamentalmente, a proveerse de comida mediante la cacería y todas las otras destrezas indispensables para sobrevivir en ese entorno implacable. Existen relatos grabados, de ancianos descendientes de los pioneros, que describen cómo los galeses se integraban a las partidas de caza de los tehuelches, aprendiendo a usar las boleadoras y a manejar diestramente sus caballos. Y fueron los indios, justamente, quienes advirtieron a los galeses de la existencia de los hermosos valles cordilleranos a los que luego extendieron su colonización (y a la postre su arraigo, para que estas tierras finalmente pertenecieran a la Argentina).
La historia ha registrado numerosos eventos y situaciones que ilustran esta relación entre galeses que inmigraron para conservar su cultura, distinta de la que imperaba en Inglaterra, y tehuelches nómades y pacíficos; ambos, pueblos originarios en sus respectivos territorios de origen, un rasgo que posiblemente explica en buena parte la pacífica relación. “Trataremos a los indios como nos tratamos unos a otros” fue la respuesta a las lógicas aprensiones de los colonos frente a la expectativa del inevitable primer contacto con los nativos, y…”con quién vamos a comerciar si ustedes se van” la invitación a la reflexión, junto con el ofrecimiento de caballos, por parte del cacique Galats y su tribu a los colonos desalentados que en 1867, dos años después del desembarco del Mimosa, esperaban otro barco en Puerto Madryn para abandonar los fracasos iniciales en esta dura colonización del Chubut.
La Campaña del Desierto encarada por el gobierno nacional, en su faz más austral resultó perjudicial para la colonia galesa, cuyos integrantes intercedieron por las tribus locales ante las más altas instancias políticas del momento. John Daniel Evans, El Baqueano, único sobreviviente del episodio de “Los Mártires” en el que tres jóvenes y aventureros galeses fueron víctimas de un ataque por parte de los indios manzaneros del cacique Foyel en 1884, se lamenta en sus memorias de no haber podido hacer nada por uno de sus hermanos tehuelches, con el que jugaba de chico en la colonia (los caciques solían dejar a sus niños al cuidado de los galeses durante sus largas trashumancias) al encontrarlo preso tras el alambrado del campo de concentración que el gobierno había establecido en Valcheta (hoy Río Negro), y todos sus intentos de liberarlo fallaron.
Un episodio es quizás el más simbólico de esta relación, nacida de la soledad de un inmenso territorio casi vacío, donde la ciudad más cercana hacia el norte era Carmen de Patagones (por tierra, unos 500 km) y hacia el sur, Punta Arenas (unos 1.200 km). Sucedió en uno de los primeros encuentros. Estaban los colonos galeses un domingo practicando su culto religioso en una de las precarias construcciones que oficiaba de capilla, cuando llegó un grupo de tehuelches al lugar. Podemos imaginarnos la escena: los colonos vestidos de domingo, en el proceso de reafirmar su conexión con su educación religiosa, la vida y los afectos que habían dejado atrás, en el verde país de Gales, y la aparición de los indígenas, altos, oscuros, envueltos quizás en sus quillangos de piel de guanaco. Imagino la tensión inicial, ¿qué hacer, ante esa brusca materialización del nuevo país que habían elegido? Fue una de las mujeres galesas quien encontró el más grande símbolo de amistad que se hubiera podido concebir para “romper el hielo” en ese momento crucial: se acercó a una de las mujeres nativas y le ofreció tomar el bebe que llevaba en sus brazos, como gesto de confianza y símbolo del trato igualitario entre las dos culturas, reunidas bajo la inmensidad del generoso pero exigente cielo patagónico.




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