Hoy en la Patagonia, jueves 18 de Ene de 2018
Guía Turística de la Patagonia


Moreno, una historia ética

El traslado de los restos de Moreno -que descansaban en la Recoleta- hasta su nueva sepultura en Nahuel Huapi, se hizo en un tren especial del entonces Ferrocarril del Sur.

Moreno Moreno | Foto: guiaverde.net

El traslado de los restos de Moreno -que descansaban en la Recoleta- hasta su nueva sepultura en Nahuel Huapi, se hizo en un tren especial del entonces Ferrocarril del Sur, que llegó el 15 de febrero de 1944 a Bariloche. Allí, el féretro quedó cubierto por una bandera argentina y los ponchos de los legendarios caciques Shayhueque, Pincén y Catriel. Al día siguiente fue trasladado en el "Modesta Victoria" hasta la isla Centinela, donde se había construido el mausoleo que hoy saludan con sus sirenas cotidianamente, las embarcaciones que surcan el lago hacia Puerto Blest.
Finalmente quedó cumplido el deseo de Moreno, quien en 1919 -6 días antes de expirar-, alcanzó a decir: "...quiero volver a ver al decano de los lagos, el Nahuel Huapi. Quiero hacer lo que pensé siempre, aunque deje mis huesos allí...".
Sus restos fueron enterrados en la tierra que él mismo había donado al Estado Nacional -con el fin de crear un parque para las futuras generaciones-, al devolver lo que el Gobierno le abonó por su ardua tarea en la Comisión Internacional de Límites, en la que se desempeñó como perito de la parte argentina.
Francisco Pascasio Moreno Thwaites vivió la vida intensamente.
Científico notable -fundador en La Plata del mayor museo de ciencias naturales del país-, hombre hábil y corajudo sobre el terreno; fino escrutador del alma humana. Fue envidiado por los burócratas ministeriales, que veían la Patagonia desvinculada de la "City", y despreciado por los "halcones" de Roca que, con su formación militar y etnocéntrica, no podían comprender ni admitir que Pancho Moreno, hijo y nieto de "gente bien" y acomodada, pudiese ser amigo y compadre del cacique Shayhueque, o que rescatase al cacique Inacayal de su cautiverio en el Regimiento 8 de El Retiro, para emplearlo en el museo que dirigía y donde el jefe aborigen pudo terminar sus días en relativa paz.
Francisco Moreno -el perito- murió pobre e ignorado por la mayoría de sus compatriotas como tantos grandes hombres, pero estará siempre vivo en la memoria de los que admiramos su generosidad y grandeza.




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