Hoy en la Patagonia, miércoles 17 de Ene de 2018
Guía Turística de la Patagonia


Los espejitos para los indios

Conversamos con el arqueólogo del CONICET Lic. Adam Hajduk en su casa, en Bariloche, sobre el tema de las chaquiras de vidrio tan frecuentemente lucidas por las indígenas en el pasado.

De amplia distribución en África y en América desde California hasta Chiloé entre los siglos XVI y XIX , se encuentran fácilmente en los enterratorios y sirven para ornamentar diversos objetos.
Nos dijo el Lic. Hajduk:
"En tiempos anteriores al contacto hispano indígena en la Patagonia eran comunes las cuentas elaboradas con moluscos en general, de origen marino por ser más vistosas y resistentes. Respecto a las cuentas líticas, éstas también aparecen en el ámbito patagónico, pero con menor frecuencia, destacándose entre ellas las de malaquita. Su baja frecuencia se relacionaría acaso con la escasez de fuentes de aprovisionamiento. Su mayor dureza, en comparación a la de las valvas de molusco, habría exigido mayor destreza y tiempo de factura. Una y otra situación habrían incidido seguramente en una mayor valoración por parte del indígena de este tipo de cuentas.
Los primeros exploradores, conquistadores y comerciantes, que partían de Europa hacia distintas partes del Viejo y Nuevo Mundo iban provistos de diferentes objetos de intercambio, muchos de ellos considerados "baratijas" o "pacotilla". Entre estas últimas las cuentas vítreas ocupaban un lugar destacado como moneda de cambio por otros bienes o por favores, como presentes a los nativos, con el fin de lograr su consentimiento y asistencia en el tránsito por tierras extrañas.
Con los primeros europeos que esporádicamente tocan la costa patagónica -siglo XVI-, llegan las cuentas vítreas y de allí en más, los nativos se hallaron frente a una oferta que se destacaba por una variedad de colores y brillo a la que nunca antes habían accedido. Estas cuentas vítreas fueron aceptadas rápidamente, valorándolas en grado sumo, por cuanto las creerían hechas de piedra. Este pasó a ser uno de los productos ofrecidos por los europeos que más amplia y rápida difusión tuvo en manos de los nativos.
Con el paso del tiempo, las cuentas de vidrio en especial y las cuentas metálicas en segundo lugar, fueron reemplazando a las de factura indígena, las cuales fueron cayendo en desuso. Así en el registro arqueológico del siglo XIX difícilmente se hallen cuentas de molusco y piedra asociadas a las ya abundantes y variadas de vidrio.
Al tiempo del primer arribo de Colón a América, la producción de cuentas vítreas en el viejo continente era importante, produciéndose a lo largo de la historia del vidrio, numerosos tipos, como reflejo de los avances tecnológicos y a la moda cambiante (así la variedad de cuentas que se suelen hallar en los distintos sitios arqueológicos, permiten al arqueólogo asignar cronología bastante ajustada a los sitios en donde ellas aparecen).
Venecia ejercía por entonces un monopolio creciente en la producción de objetos de vidrio y en función de mantener dicho monopolio practicaba un especial control a fin de evitar que aspectos tecnológicos salgan de su medio.
Considerando los aspectos técnicos de elaboración de cuentas vítreas, las más frecuentemente distribuidas, eran las producidas en serie, a partir de toma de vidrio ahuecado en forma de globo el cual era estirado en su estado plástico en un largo tubo. Por seccionado del mismo se obtenían múltiples cuentas. Este tipo de producción requería el empleo de hornos de fundición.
El otro tipo de cuenta era el producido a partir de una varilla de vidrio, a la cual se le fundía un extremo mediante el empleo de un pequeño mechero, así el vidrio fundido se arrollaba en un alambre previamente recubierto de tiza que facilitaba su posterior desmonte. Se hacían una a una en forma más artesanal permitiendo así múltiples variantes de forma y decoración. No requerían de hornos de fundición.
En Patagonia y particularmente en el NO patagónico las cuentas vítreas eran profusamente utilizadas como adorno femenino integrando: collares; muñequeras; tobilleras; fajas o cintos y en ocasiones conformando un complicado tocado cefálico o cofia que usaban las nativas "pehuenches". Excepcionalmente en la alfarería del tipo "mapuche" se las empleaba como incrustaciones decorativas."
Guía Verde estuvo en la isla de Murano (Venecia) visitando el Museo Vetraio para obtener más información sobre estas piezas vítreas denominadas genéricamente: perle, perline, conterie, pater noster, mostacillas etc.
Gracias a la gentileza de Vladimiro Rusca -Secretario general del Museo- pudimos observar y fotografiar para nuestros lectores algunas piezas para consumo local (apreciadas también por los europeos) en los siglos XVIII y XIX que no están expuestas -aún- al público.
Pudimos saber que se empezaron a manufacturar en Murano hacia 1480 y que en siglos posteriores, comenzaron también a elaborarse en Bohemia, Holanda, Francia y Alemania.
Fotografiamos también un grabado veneciano que muestra a un artesano cortando las varillas que se convertirán en esas apreciadas "chaquiras" que siglos después aparecerán en los ajuares funerarios indígenas de nuestras latitudes y nos preguntamos:. si aquel artesano imaginaría -acaso- la ruta que podría seguir a su obra.




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