Don Enrique | Foto: guiaverde.net La Vega (San Martín de los Andes) está en silencio. El horizonte estalla entre el rosado atardecer, mientras el perfil a contraluz de las monatañas atesora el recuerdo de aquellos ojos serenos de Don Enrique.
Llegó a la Patagonia allá por el año 1899. Hacía apenas un año que un montón de álamos y acequias daban forma al incipiente pueblito de San Martín de los Andes. El hombre se crió entre sogas y carros con bueyes. Sólo el recuerdo de los vecinos ha logrado perpetuar su nombre y en las siete hectáreas que con veneración mantiene su nieto Aldo.
Allí, entre las monturas colocadas en los palenques y el maitén asomándose en el patio, Aldo Pelletieri, nieto del Abuelo Enrique resume en el recuerdo y el nombre del lugar todo el homenaje y el cariño que merecidamente siente por esa especial persona que sonríe desde el fondo gastado de una foto.
Ricardo Druck para guiaverde.net