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Una insospechada
migración se registra en la frontera norteña. Grupos de 10
personas llegan cada día a los hospitales bolivianos de
Villazón y de Yacuiba en una corriente que no se detiene.
Parten de los pueblos cercanos de Salta y Jujuy y también
de alejadas localidades de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán
y Catamarca. El destino de la peregrinación es una
intervención quirúrgica de cataratas, un programa de
asistencia social que levanta controversias como
herramienta política, pero suma una cantidad sorprendente
de beneficiarios: en los últimos dos años, 17.000
argentinos fueron operados por médicos cubanos en Bolivia.
Los gastos de traslado y hospedaje son cubiertos por el
gobierno de La Habana, que usa esta ayuda como plataforma
de reposicionamiento político en América latina.
Se trata de la llamada Misión Milagro, una de las formas
encontradas por Fidel Castro y Hugo Chávez para difundir
sus pensamientos políticos. Mediante organizaciones
sociales cercanas al kirchnerismo, se busca a los posibles
pacientes en barrios carecientes. Luego, en Bolivia, 300
médicos cubanos realizan las operaciones, criticadas y
resistidas por las asociaciones argentinas de
oftalmología.
La Fundación Un Mundo Mejor es Posible (Ummep) coordina a
los equipos de trabajo en la Argentina. Uno de sus
dirigentes confirmó equipos de trabajo en la Argentina.
Diego Gambini, dirigente de esa agrupación, confirmó a LA
NACION el número de 17.000 pacientes atendidos; también
que ese trabajo social forma parte de una estrategia
internacional para difundir entre la población beneficiada
los principios de la Alternativa Bolivariana de los
Pueblos (ALBA), el proyecto político ideado por Chávez y
Castro.
Las cirugías se realizan en Bolivia por la fuerte
resistencia de las entidades médicas argentinas contra la
presencia de oftalmólogos cubanos, cuyas matrículas y
técnicas ellos ponen en duda. Las autoridades nacionales
no permitieron la instalación de quirófanos cubanos, pero
poco hicieron para desalentar la oferta sanitaria que
realizan grupos piqueteros oficialistas en los barrios.
Los coordinadores locales de la Misión Milagro se
entusiasman con incrementar el número de operaciones este
año, especialmente por el acuerdo alcanzado con la Central
de Trabajadores Argentinos (CTA). Los dirigentes de la
entidad gremial fueron capacitados a fines de 2007 por
médicos cubanos para la detección primaria de los
pacientes.
El aumento de las operaciones por parte de médicos cubanos
puso en alerta a los profesionales argentinos. Una
respuesta incipiente fue la creación del programa
Cataratas Solidaria, a cargo del Consejo Argentino de
Oftalmología y de Cáritas, con el cual se pretende dar el
mismo servicio gratuito ofertado por los revolucionarios
bolivarianos.
La conexión venezolana con el plan quedó a la vista con el
compromiso firmado por los Cascos Blancos (dependen de la
Cancillería) con el gobierno de Chávez para trasladar
pacientes a Caracas. El Consejo Argentino de Oftalmología
expresó por carta su preocupación por ese proyecto.
Las quejas se repiten en varias regiones del país. La
presidenta de la Asociación Oftalmológica Salteña, María
Eugenia Bardessi, afirmó que en su provincia se cuenta con
recursos humanos capacitados para realizar las
intervenciones quirúrgicas, aunque se necesitaría
equipamiento para que un solo profesional pueda realizar
unas 60 operaciones mensuales. Aclaró que no puede opinar
sobre lo que pasa en Bolivia: "De allí regresan muy
contentos, pero si tienen algún problema deben recurrir
finalmente a los servicios locales". Señaló que su
organización pedirá una audiencia al ministro de Salud
Pública, Alfredo Qüerio, para conocer su posición sobre el
tema.
Queja tucumana
El ministro de Salud de Tucumán, Pablo Yedlin, definió con
claridad su oposición a la Misión Milagro ante una
consulta de LA NACION: "Estos médicos vienen a hacer
evaluaciones sin autorización, puesto que son de otros
países y no están matriculados en la Argentina. Además,
hemos detectado complicaciones en algunos posoperatorios.
El sistema de salud de Tucumán está dando todas las
respuestas a los problemas oftalmológicos en forma
gratuita sin que haya que viajar hasta Bolivia".
Elba Castro coordinó durante ocho meses la Misión Milagro
en Tucumán y defendió ese trabajo: "En realidad, ningún
hospital público cuenta con un oftalmólogo, y la espera
para una operación de cataratas puede ser eterna. Buscamos
darle soluciones a la población con una mejor calidad de
vida".
El proyecto de Chávez y Castro consiguió el apoyo
institucional de la municipalidad de Córdoba. La Fundación
Ummep firmó un acuerdo en 2006 con Luis Juez y ese
convenio será sostenido por el ahora intendente Daniel
Giacomino. Ese respaldo formal fue criticado por los
profesionales locales.
En Catamarca, el traslado de pacientes a Bolivia fue
duramente cuestionado por médicos de la provincia, aunque
esas quejas no detuvieron las operaciones de catamarqueños
por parte de oftalmólogos cubanos.
Cuestiones técnicas de lado, el aspecto político de la
iniciativa queda expuesto. Menos visible que la valija de
dólares transportada por Guido Antonini Wilson, el
asistencialismo cubano-chavista forma parte de la táctica
de captar simpatías y armar redes locales de solidaridad.
A la Misión Milagros se le suma el plan Yo Sí Puedo, un
programa para que adultos puedan leer y escribir. También
está a cargo de la Fundación Ummep, con fondos entregados
por Cuba, cuyo gobierno envía el material didáctico. En
paralelo con esa educación no formal se instruye a los
estudiantes en debates sobre la realidad social
latinoamericana desde el punto de vista de Fidel Castro.
Dirigentes locales del plan dijeron a LA NACION que fueron
alfabetizados más de 10.000 argentinos, cifra que, junto a
los 17.000 beneficiarios de la Misión Milagro, da la
magnitud del trabajo chavista/castrista en la Argentina.
Por Daniel Gallo
De la Redacción de LA NACION
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