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Con la presencia de unos
30 mil españoles que se desplazaron hasta Roma para
asistir al evento, el Vaticano proclamó ayer como beatos a
498 religiosos asesinados por simpatizantes republicanos
en la península entre 1934 y 1939, es decir, en los años
previos y durante el transcurso de la sangrienta Guerra
Civil que costó la vida a cerca de un millón de personas.
El hecho se produce en medio de un clima de enfrentamiento
político entre el gobierno encabezado por el socialista
José Luis Rodríguez Zapatero y la oposición conservadora
aliada a la máxima jerarquía de la Iglesia Católica, que
acusan al premier español de haber reabierto las heridas
dejadas por el conflicto con la elaboración de la llamada
Ley de la Memoria Histórica destinada a resarcir a las
víctimas de la guerra y de la posterior dictadura
encabezada por su vencedor, el general Francisco Franco.
Este hecho inédito –es la primera vez que el Vaticano
realiza una beatificación masiva de tanta envergadura– no
sólo es una respuesta a los intentos del Partido
Socialista por hacer una mínima justicia a los vencidos
durante la guerra civil, sino que se enmarca dentro de un
conflicto aún mayor mantenido a lo largo de los últimos
tres años y medio entre la administración Zapatero y la
máxima jerarquía eclesiástica. Un enfrentamiento político
y mediático que ha tenido sus puntos de mayor intensidad
cuando se aprobó la ley de matrimonio homosexual y durante
el transcurso de la modificación de la Ley de Reforma
Educativa, que incluyó la polémica asignatura de Educación
para la Ciudadanía como obligatoria en las escuelas, una
medida que tanto los conservadores del Partido Popular
como los sectores religiosos rechazaron desde un comienzo
con todas sus fuerzas por considerar que ataca los valores
católicos de la sociedad al considerar como válidas las
diferentes opciones sexuales, al tiempo que pone énfasis
en la difusión de los valores de respeto por los derechos
humanos.
Aunque tanto el Partido Popular como la jerarquía católica
han negado que la beatificación masiva llevada a cabo ayer
en Roma fuera una respuesta a la Ley de la Memoria
Histórica propuesta por los socialistas, el esfuerzo que
tanto conservadores como obispos pusieron durante los días
previos para movilizar multitudes hacia el Vaticano dejó
traslucir las verdaderas intenciones políticas y
mediáticas del evento.
La beatificación masiva de estos 498 religiosos, a la que
concurrieron el ministro de Relaciones Exteriores de
Zapatero, Miguel Angel Moratinos, un diputados socialista
y ocho del Partido Popular, junto con autoridades de menor
jerarquía del gobierno que no quiso desairar por completo
al Vaticano, despertó también otra polémica doméstica
cuando los familiares de los sacerdotes progresistas
asesinados por simpatizar con la república se quejaron de
que sus muertos no habían sido incluidos entre los nuevos
beatos. Ante este cuestionamiento hecho público por
diversas familias de sacerdotes vascos y catalanes durante
los días previos a la beatificación la Iglesia prefirió
guardar un riguroso silencio.
Sin embargo, ayer en el Vaticano la trascendencia política
de este hecho, que transforma a España en una verdadera
potencia mundial en lo que respecta a cantidad de santos
católicos, fue realzada por las palabras del cardenal
Saraiva Martins, que presidió el evento, ya que el papa
Benedicto XVI no suele estar presente en este tipo de
ceremonias. Saraiva lamentó que la identidad de los
cristianos esté “constantemente amenazada” y, en sintonía
con la actual línea dura propuesta por el Papa, llamó a
“defender la dignidad de la persona, la vida desde la
concepción hasta la muerte natural, la familia fundada en
la unión matrimonial una e indisoluble entre un hombre y
una mujer, el derecho y el deber primario de los padres en
lo que se refiere a la educación de los hijos”, palabras
que fueron fuertemente aplaudidas por la multitud de
españoles presentes, que las entendieron como una alusión
directa a la actualidad política interna.. |