|
Entrevista a José Fabián
Fieras, experto en accidentología y prevención vial. El
especialista asegura que "el 95% de los accidentes se debe
a fallas humanas. La normativa está, lo que falta es su
cumplimiento".
- ¿Qué análisis hace del constante aumento de accidentes
viales?
- El factor más importante cuando se está conduciendo es
el actitudinal: el no respeto a la normativa y la
deficiente evaluación de los factores de riesgo
(velocidad, distancia, tiempo, otros conductores, el
estado de la vía, la señalización). Si esa evaluación es
errónea, la actitud al conducir va a ser errónea. El 95%
de los accidentes se debe a fallas humanas, no de
señalización o de legislación.
- ¿Es cierto eso de que "la normativa está, lo que falta
es su cumplimiento"?
- Sí, claro que sí. Específicamente las fallas son del
peatón, conductor, ciclista, motociclista o cualquier otro
usuario de la vía. La falla mecánica prácticamente no
existe. Y cuando aparece, mayoritariamente era evitable,
como un semieje que avisa muchos kilómetros antes de
partirse. La falla no es mecánica sino humana, ya sea por
negligencia, impericia o falta de mantenimiento.
- ¿A qué piensa que se atribuye esa falta de cumplimiento
de la normativa?
- La idiosincrasia del argentino es muy particular. Todo
el mundo piensa: "A mí no me va a pasar". Eso contribuye a
que cada uno haga las cosas como le parece que tiene que
hacerlas y así le parece que está bien hecho, porque no
hay mucha autocrítica. Encima no hay un fiel conocimiento
de la normativa y no se evalúan los riesgos reales.
- ¿Qué quiere decir?
- No hay un conocimiento de lo que es una fractura de
cráneo por salir despedido por el parabrisas o romperse el
tabique por pegar contra el aro del volante. Entonces se
hacen cosas que son las que se ven todos los días en el
tránsito: cambiar de carril sin poner el guiño, el exceso
de velocidad, no respetar los semáforos, la senda
peatonal, ni la línea de pare; vehículos en pésimo estado
y sin mantenimiento... Que encima, esto último, se
justifica con la falta de dinero para mantenerlo.
- Apunta a una falla de criterio y sentido común.
- Sí. Porque si la persona tuviera criterio, haría una
correcta evaluación del riesgo al que se expone: si sabe
que por usarlo en mal estado puede morirse, no lo use
hasta que cobre o mejore su situación económica. Y hasta
entonces viajará en un medio de transporte, corriendo un
riesgo menor. Lo que pasa en la Argentina es que todo el
mundo cree que no se expone a nada y piensa que conducir
es un derecho. Como tengo capacidad económica compro un
vehículo y tengo derecho a conducir. Pero no es así. Es un
privilegio. No todo el mundo puede conducir ni está
capacitado para hacerlo.
- Según la legislación, ser una persona mayor no es
impedimento para conducir, ¿pero está realmente capacitada
para hacerlo?
- Una persona de 80 años puede ejercer su derecho a
conducir, pero no debería conducir porque no tiene las
capacidades que se requieren para una conducción efectiva.
Ocurre que la única limitación desde el punto de vista
legislativo es el examen que se realiza al momento de la
emisión o renovación de la licencia de conducir. Los
exámenes psicológico, visual, motriz y auditivo deberían
reflejar el estado psicofísico del conductor. Pasa que el
sistema es falible, ya sea por las falencias del propio
sistema como porque falla quien arbitra el sistema.
- ¿Cuáles son los puntos flojos del sistema?
- El aspecto psicológico, donde prácticamente no se evalúa
al conductor. Los reflejos psicomotrices en algunos casos
sí y en otros no. Depende también el ente emisor. Una cosa
es Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otra un pueblo
alejado o menor.
- Ahí hay otra falla.
- Sí. Debería unificarse. Tendría que haber una sola ley
de Tránsito y los mismos requisitos para cualquier ente
emisor. O sea, una única licencia de conducir. Por
ejemplo, no debería ser posible que una persona rinda el
examen en Capital Federal y si le va mal se vaya a rendir
en provincia. Para colmo, es indistinto dónde se obtuvo la
licencia, porque lo mismo te habilita para conducir en
toda la Argentina y países limítrofes. O sea que una
persona tiene los mismos privilegios con diferentes
requisitos, algo que no debería ser así.
- Sin embargo, el Estado no brinda soluciones ni muestra
una reacción ante la creciente cantidad de muertes.
- Hay una iniciativa del gobierno que va a tender a
unificar esto, con la implementación de la licencia de
conducir por puntos, la ley de seguridad vial que se firmó
hace poco y con la capacitación. Pero es cierto, no hay
una reacción efectiva. Los índices de accidentes no
disminuyen. No hay una medida tomada tendiente a mejorar
la situación. Vamos al ejemplo cercano del humo en la Ruta
9. ¿Qué se hace?
- Cortar la ruta.
- Sí, no se va a la causa. Se trata de minimizar el
efecto, pero la causa sigue. Continúa el humo y se va a
tener que seguir cortando la ruta. Eso es un paliativo, no
una solución. El gobierno debería tomar medidas tendientes
a solucionar el tema de la accidentalidad. Mientras exista
la quema de pastizales y no exista una correcta
señalización con cartelería inteligente, por ejemplo, los
accidentes van continuar. Además, al conductor le faltan
capacitación y sentido común para interpretar que por más
que la legislación le permita ir a 120 kilómetros por
hora, un día de niebla debe reducir la velocidad.
- Algo curioso es que al conductor se lo capacita una sola
vez en la vida, cuando obtiene la licencia de conducir por
primera vez.
- Es cierto y eso no es correcto ni lógico. No puede ser
que después no adquiera nuevos conocimientos ni se
actualice de forma efectiva mediante un curso. Debería ser
obligatoria una capacitación cada vez que se renueva la
licencia. Se tiene que actualizar como cualquier carrera o
profesión. El conductor es responsable de una maquinaria
riesgosa que puede matar o invalidar a gente de forma
permanente. Por lo tanto se tiene que capacitar.
- ¿Cree que no se comprende la real complejidad de
conducir?
- No, se piensa que es un conocimiento innato. No es lo
mismo jugar a la pelota que al fútbol. A la pelota juega
cualquiera. Eso no quiere decir que uno lo haga bien ni de
forma efectiva. Y tampoco es lo mismo manejar que
conducir.
- Bueno, para eso debería haber formación a nivel
educativo.
- Hay que hacer una diferencia entre el "debe ser" y la
"realidad". Desde hace 16 años está escrito en la ley de
Tránsito que la capacitación es obligatoria en todos los
niveles educativos. Ahora, de ahí a que se cumpla es otra
cosa. En pocos lugares se respeta. No está instaurada
desde el Ministerio de Educación como materia específica.
Se aprobó la capacitación en accidentología como materia
transversal. Quiere decir que cada docente va a meter
conocimientos de accidentología de manera transversal en
su asignatura, algo que además no se cumple.
- ¿Y cómo se genera un cambio en la caótica situación
actual?
- El cambio no va a ser de un día para el otro. Hay que
tener en cuenta que son varias generaciones sin
capacitación. Para provocar un cambio actitudinal hay que
capacitar varias generaciones, acompañado de un
cumplimiento efectivo de la normativa. Si pongo un control
efectivo en la vía pública, la gente se va a ver obligada
a respetar las normas para no ser sancionada. Todas estas
medidas de gobierno e institucionales tienen que ir
juntas. No puede ser una sola por vez porque el sistema
colapsa, como ocurre ahora. Si no se toma ninguna medida,
en este momento el tránsito no tiene solución.
- ¿Qué alternativas hay frente a la inacción del Estado?
- Hay muchos países donde las empresas privadas fomentan
la capacitación accidentológica. En EE. UU. las mismas
automotrices brindan capacitación cuando se compra una
unidad. Es una ayuda al Estado desde el sector privado.
- ¿Por qué ocurre esto?
- Porque las compañías saben que es rentable y correcto.
Acá todavía las aseguradoras no entienden que capacitar
les genera un rédito económico. El balance que hacen es
entre prima de siniestros y cuota de asegurados. Ese
balance sería mucho más rentable si las aseguradoras
capacitaran, porque pagarían menos primas. El problema es
que no ven a la capacitación como una inversión.
- Las cosas se ven diferentes en la Argentina.
- A la compañía le sale mucho más barato que la persona se
muera -algunas cotizan el deceso en 150.000 pesos- a que
se quede inválida de manera permanente. Incluso -a
excepción de un caso en el que haya mucho dinero en juego
por demandas, juicios y demás- por política, los
siniestros no se investigan sino que directamente se pagan
porque es mucho más fácil y rápido. No hay erogaciones de
abogados, peritos ni nada.
 |