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Urbanísticas y hoteleras
La evidencia de la gran inversión realizada durante estos
últimos años en construcción de infraestructuras, se patentiza
solo con un paseo por Bustillo, regresando por Pioneros. Las
razones de semejante nivel de inversión se relacionan con una
sensible mejora post-devaluatoria del negocio turístico y de
la creciente corriente migratoria hacia toda la Patagonia
andina procedente de los grandes centros urbanos argentinos,
en los que continúan degradándose la calidad de vida y las
condiciones de seguridad.
Visitando las instalaciones, terminadas o por terminarse,
también se puede observar una mayor calidad en los materiales
y terminaciones que antaño. No parece así en lo que respecta a
la formación del personal encargado de prestar servicios.
Tanto para la gastronomía como para la hotelería, en ese
sector –el humano-, las prestaciones se notan a menudo como
algo precarias o improvisadas. Esto también se puede mejorar:
invirtiendo en capacitación.
Quizás tenga que ver con el origen de “empresa familiar” en
los prestadores chicos, a menudo reconvertidos desde otros
sectores productivos o profesionales al negocio turístico; y
en los grandes, al contratar en forma precaria a empleados sin
mucha más formación que la “buena presencia”, conveniente pero
no suficiente para el nivel de exigencia de un cliente con
recursos para elegir entre múltiples opciones, nacionales e
internacionales.
Conseguir un cliente es difícil, pero más difícil aún… es
retenerlo.
Otros destinos
Argentina:
Norte Neuquino,
Caviahue y Copahue,
Villa Pehuenia,
Aluminé,
Junín de los Andes,
San Martín de los
Andes, Villa Traful,
Villa La Angostura,
Bariloche,
El Bolsón,
Lago Puelo,
El Hoyo,
Esquel,
Trevelin.
Chile: Pucón,
Villarrica,
Temuco,
Valdivia,
Puerto Montt y Puerto Varas.
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